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  • Mandarina Tango

El nuevo consumismo

"Bueno, ¿y cuando la sociedad de consumo

llegue a la saciedad de consumo, qué?"

- Mafalda by Quino.



El consumo es una actividad esencial. A nivel individual, nos permite cubrir nuestras necesidades básicas de supervivencia y realización personal; a nivel sociedad, genera prosperidad y desarrollo económico. Desde el siglo pasado, las opciones de consumo, en todos los giros se han multiplicado exponencialmente. Desde un punto de vista, lo anterior resulta positivo ya que nos permite elegir la opción que mejor se adapte a nuestros gustos y necesidades, creando nichos de mercado cada vez más específicos y miles de marcas cuyo objetivo principal es la lealtad de sus clientes, por lo que buscan lograr esa identificación personal, que la marca conecte no sólo con los gustos, sino con la identidad de su mercado meta.

El hecho de identificarnos con cierto tipo de marca o producto es bueno para crear relaciones duraderas entre la empresa y el cliente. El problema surge cuando dejamos que estas marcas nos definan y buscamos cierto status y diferenciación a través de lo que consumimos. Entonces, nuestra esencia se basa en lo que tenemos y podemos adquirir, y no en lo que somos como personas.


La incertidumbre colectiva que estamos viviendo en todo el mundo no sólo ha limitado nuestro consumo, sino que nos ha obligado a voltear hacia nosotros mismos, a regresar a lo básico y a cuestionarnos el por qué de todo lo que hacemos y cómo repercute en los demás, ya que si algo nos ha enseñado esta pandemia es que todos estamos conectados, nuestras decisiones nos afectan no sólo a nosotros y a nuestro entorno inmediato, sino que tienen efectos sociales y ambientales de los que ahora somos muchos más conscientes.

Debemos tomar el lado positivo de esta situación. Las consecuencias humanas y económicas de lo que estamos viviendo son lamentables, pero ojalá también se conviertan en un parteaguas para una nueva humanidad, un nuevo consumismo, cuya principal diferencia con respecto al anterior sea la conciencia. Seamos conscientes de lo que compramos y el efecto que estos productos tienen a nivel anímico, personal, social y ambiental. Hagamos consciencia también sobre aquello que nos define, que es lo que somos y lo que damos, no lo que tenemos; y seamos conscientes que, aunque nuestros deseos pueden llegar a ser ilimitados, nuestros recursos no lo son. Es momento de cambiar, de revertir daños y de reconocer el poder de nuestras decisiones, porque ahora más que nunca, nos damos cuenta de que somos parte de un todo.

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